La representación sindical en España

    Libro editado por la Fundación 1º de Mayo (edición digital) que recoge el trabajo de Ramón Alós y Óscar Molina (Universitat Autónoma de Barcelona), Pere J. Beneyto (Universitat de València), Pere Jódar (Universitat Pompeu Fabra), Sergi Vidal (Universidad de Bremen) sobre el estudio de la representación sindical unitaria en la empresa en España, con especial dedicación a CCOO, a partir de una explotación estadística de los datos de las elecciones sindicales.

    26/06/2015.
    La representación sindical en España

    La representación sindical en España

    Se trata de conocer aspectos como el alcance de la representación sindical, la participación de los asalariados/as o la audiencia electoral de los sindicatos, de modo que ayuden a comprender el grado de representatividad de los mismos. Los datos se analizan en tres momentos clave: a 31 de diciembre de 2003, de 2007 y de 2012. El motivo por los que se ha decidido elegir estas tres fechas se debe, primero, a que los datos anteriores al año 2003 pueden resultar incompletos y, por tanto, sin la debida fiabilidad para su análisis; segundo, con esta periodificación se analizan y contrastan dos etapas, la primera que comprende los años de 2004 a 2007, de expansión económica y del empleo, y la segunda, de 2008 a 2012, de crisis en ambas dimensiones. Ello permite considerar el efecto del contexto o ciclo económico sobre la representación de los asalariados. La introducción (capítulo 1) traza el marco de referencia sintético de lo que son las elecciones sindicales en España y se acompaña de un estado de la cuestión de la literatura especializada, de la descripción de la metodología y la conceptualización y descripción de las variables utilizadas (capítulo 2). A continuación, se realiza un análisis comparado de los sistemas de representación de los trabajadores en la Unión Europea (capítulo 3), atendiendo tanto a su marco normativo y estructura (modelos de audiencia o presencia, de canal único o doble), como a su conexión con los respectivos sistemas de relaciones laborales (escandinavo, germánico, anglosajón, latino), aportando en cada caso la evidencia empírica sobre su cobertura y distribución, en base a las encuestas europeas y españolas disponibles. Centrándonos ya en el caso español, nuestro estudio comienza por recordar la regulación legal de la representación sindical en las empresas y centros de trabajo como paso previo a la descripción y análisis de la estructura empresarial (capítulo 4). Se identifican las características que permiten distinguir a las empresas según puedan convocar o no elecciones sindicales y, entre las que pueden hacerlo aquellas que no tienen representación alguna de los trabajadores, esto es, las empresas blancas. Se trata de ver en qué medida el sector de actividad o el tamaño de la empresa, o bien otros condicionantes, inciden en que una determinada empresa no disponga de representación sindical. A continuación se analiza la participación de los trabajadores en los procesos electorales (capítulo 5), esto es, qué proporción de electores decide votar; también en este caso se trata de observar qué características influyen en generar mayores o menores niveles de participación, o de audiencia sindical. En el siguiente apartado (capítulo 6) se aborda la distribución de los/as delegados/as y por tanto de la representación, esto es, las opciones sindicales presentes en las empresas, tratando de extraer algunas conclusiones sobre unidades productivas y ámbitos en los que resultan vencedoras o mayoritarias unas u otras. Posteriormente, el informe aborda la cuestión de los/as delegados/as de CCOO afiliados/as y su contrapartida, los delegados/as no afiliados/as al sindicato (capítulo 7). Como se sabe, los delegados/as no afiliados/as suponen una parte significativa de la representación, por lo que resulta de interés tener información sobre el tipo de empresas donde se ubican, además de algunas características de su entorno sindical. Junto a ello consideraremos a los delegados y delegadas de CCOO que se han dado de baja del sindicato; aunque, como se expondrá, hay dificultades, por falta de información, para conocer los motivos de baja y el momento preciso de la misma. A pesar de ello su análisis puede ofrecer alguna pista sobre circunstancias más o menos propensas a que se produzca este tipo de situación. El informe finaliza con unas conclusiones generales (capítulo 8) y abre algunas consideraciones sobre la representatividad y legitimidad de los sindicatos a la luz del instrumento más fiable y legalmente instituido para su evaluación, como son las elecciones sindicales.   PRÓLOGO Javier Doz. Presidente de la Fundación 1º de Mayo Este trabajo de los profesores Alós, Beneyto, Jódar, Molina y Vidal, es el más profundo y extenso estudio que se ha hecho en España sobre representación sindical. A partir de la explotación estadística de las bases de datos existentes y, en particular, de la base de datos de Comisiones Obreras (SIC-CC OO) se analizan detalladamente los resultados de todas las elecciones celebradas entre 2003 y 2012. Se hace a partir de la construcción de un modelo de referencia cuyos polos son la representación basada en la audiencia (elección por todos los trabajadores) frente a aquella construida sobre la presencia (afiliación). Los primeros capítulos se dedican a exponer el modelo conceptual de referencia, a realizar un repaso histórico de las elecciones sindicales en democracia (desde 1978, subrayando las lagunas estadísticas), a analizar el marco legal y empresarial, y a estudiar comparativamente los modelos de representación sindical en Europa. Los últimos capítulos desentrañan la enorme cantidad de datos de los últimos períodos lo que permite conocer la evolución de la representación sindical en dos momentos clave: el último de expansión de la economía y el empleo antes del estallido de la Gran Recesión, el comprendido entre los años 2004 y 2007; y el primero inmediatamente después de la explosión de la burbuja especulativa financiera e inmobiliaria, de 2008 a 2012. El libro proporciona una base documental y analítica muy importante para algunos de los aspectos nucleares del debate sobre el papel del sindicalismo hoy en las sociedades capitalistas desarrolladas y las claves para su renovación. Me refiero al único debate que nos interesa, aquel que se está desarrollando –en España, Europa, los EE UU y otras regiones del mundo- en el seno del movimiento sindical y de medios intelectuales y políticos de izquierda y progresistas, es decir entre aquellos que consideran que el sindicalismo vive una crisis seria, pero sigue siendo un instrumento insustituible para defender las condiciones de trabajo y vida de los asalariados y evitar que los agentes del modelo neoliberal culminen su propuesta de retroceso histórico de los derechos laborales y sociales y de la participación del trabajo en la distribución de la riqueza; y también una herramienta muy necesaria para que, en compañía de otros actores sociales y políticos, enfrente un reto, también histórico: la superación del modelo neoliberal -y de la intrincada colusión de intereses entres las élites económicas y políticas que lo sustenta- para construir, en los ámbitos nacionales, regionales y mundiales, sociedades mucho más justas, igualitarias y democráticas. Porque no es debate digno de tal nombre el que se confunde con la feroz campaña antisindical que viene siendo promovida, desde los años 90, por quienes en el mundo político, académico y periodístico se prestan de voceros de los intereses de las élites económicas que han impuesto el modelo neoliberal de globalización. En este campo se viene augurando el final del sindicalismo, desde luego del sindicalismo de clase o confederal, con la voluntad poco disimulada de que sus vaticinios se conviertan en profecías autocumplidas; o, con un insufrible y condescendiente paternalismo, afirmando que los sindicatos seguirían siendo necesarios y podríamos seguir existiendo sólo si se pliegan los dogmas del nuevo liberalismo económico, es decir si aceptan constreñirse a negociaciones “profesionales” en el ámbito de la empresa , y mantienen suficientes dotes de “flexibilidad y pragmatismo” para permitirles aceptar la destrucción del pacto social que se construyó después de la 2ª Guerra Mundial y la consiguiente jibarización de los Estados de bienestar y sus sistema de prestaciones sociales y servicios públicos. Recientemente podíamos leer un editorial del periódico español de más tirada en el que, refiriéndose al sindicalismo y su crisis, llegaba al extremo de hacer responsables a las dos grandes centrales sindicales de nuestro país de, entre otras cosas, la pérdida masiva de empleo por la crisis por su falta de pragmatismo y adaptabilidad a las circunstancias. Con una ignorancia supina de la realidad añadía que estos fallos de conducta le habían estado haciendo perder afiliación desde mucho antes del estallido de la crisis. Afirmación esta última tan falsa como la imputación política y moral a los sindicatos sobre la destrucción del empleo. Como también se muestra en las páginas que siguen, la afiliación sindical a CC OO, y en general, alcanza un máximo al año de estallar la crisis, en 2009, después de una tendencia continuada de aumento desde los años 90. La afiliación sindical en España presenta un desfase de tendencia respecto a lo ocurrido en la mayoría (no todos) los países europeos, EE UU y Japón en el período previo a la crisis. En España la afiliación aumentó hasta alcanzar, con diferencia, el mayor número de afiliados en democracia (los primeros años de la transición no son comparables, por la falta de datos fiables y por la momentánea influencia de la afiliación obligatoria al sindicato vertical franquista), mientras que fuera de nuestras fronteras se dejaron ya sentir las consecuencias negativas en el trabajo y el sindicalismo del modelo neoliberal de globalización y de la falta de respuesta adecuada del sindicalismo a las nuevas relaciones sociales de producción que imponía. Una de las cuestiones más comentadas en el debate serio sobre la crisis del sindicalismo en España tiene que ver precisamente con el modelo de representación que da a los delegados elegidos, y ante todo a los comités de empresa, competencias muy importantes, superiores sin duda en el caso de los comités de empresa a las pocas que tienen las secciones sindicales, en particular la de negociar el convenio de empresa. Esto unido a la eficacia erga omnes del convenio colectivo sería, para algunos, una de las causas principales de la debilidad de la densidad sindical en España. ¿Para qué afiliarse si ya tengo comité de empresa que puede negociar un convenio y los convenios me beneficiarán pague o no la cuota de afiliación? Los datos de este estudio no apuntalan esta opinión, o por lo menos no apuntan a que sea el problema principal de la debilidad afiliativa. Por el contrario, existe una correlación directa entre existencia de representación de los trabajadores en la empresa y existencia de afiliación sindical, y entre mayor tamaño de las empresas -y por consiguiente mayores competencias de los representantes de los trabajadores en la negociación colectiva- y mayor densidad sindical. El hecho de que la mayor fortaleza de esta correlación directa cuando el sindicato mayoritario es CC OO, hecho empíricamente constatado, se rompa en las empresas de más de 750 trabajadores no apuntala tampoco la tesis contraria puesto que normalmente otros sindicatos son los que ocupan esos puntos perdidos por CC OO en este tramo de empresas, y no personas no afiliadas. Las causas del declive afiliativo del sindicalismo en España, a partir de 2009, están claramente relacionadas con la crisis y la pérdida de empleo y también, a mi juicio, con el hecho de que los diferentes tipos de respuesta sindical a las masivas pérdidas de empleo y al deterioro de los salarios, las condiciones de trabajo, las prestaciones sociales y los servicios públicos no han tenido éxito, salvo en casos limitados (huelgas locales y victorias parciales en los tribunales en caso de vulneración de normas jurídicas fundamentales). Ha habido pérdida de afiliación en términos absolutos y de densidad sindical respecto al total de la población activa; aunque no de densidad sindical respecto a la población activa asalariada ocupada. A pesar de que los datos de afiliación y densidad sindical apuntan claramente al efecto demoledor de la destrucción de empleo en ambos indicadores, muy mal haríamos los sindicalistas si confiáramos en que conforme el empleo se fuera recuperando la tendencia revertirá. En primer lugar, porque las políticas de gestión neoliberal de la crisis han dejado un pesado lastre, con pretensión de que sea permanente, y que afecta a muchos aspectos de la actividad sindical y en particular a su núcleo básico: la negociación colectiva. Y la historia nos indica que el sindicalismo no ha podido progresar en términos de afiliación, densidad sindical y poder contractual en marcos políticos y sociales que hayan sido hostiles de un modo prolongado. Pero, sobre todo, porque la renovación del sindicalismo –una renovación no basada en la sumisión a las reglas de las nueva sociedad de la desigualdad, por supuesto- tiene que hacer frente necesariamente a los retos que le plantean los cambios en el trabajo y en las relaciones sociales de producción derivados de la segunda gran globalización del capitalismo, ligada a la revolución tecnológica de las TIC. Y adaptarse a las nuevas circunstancias del trabajo para transformarlas. Y para ello, lo esencial es saber organizar, afiliar y representar bien a esa gran masa –en España más del 50% de los trabajadores- de los más explotados, es decir el conjunto de trabajadores con empleo temporal, precario, a tiempo parcial no voluntario o simplemente parados. Y aquí es donde hemos fallado, también CC OO, no por falta de voluntad o por no haber visto el problema, sino porque no hemos sabido cómo hacerlo y, posiblemente, porque no hayamos dedicado los esfuerzos y recursos que requiere una tarea que nos han puesto muy difícil los responsables de las nuevas formas de sobrexplotación del trabajo. La otra palanca de cambio para afrontar la imprescindible renovación del sindicalismo de clase es la de ser capaces de promover, sin perder la autonomía sindical, las alianzas políticas y sociales necesarias para que se produzca un cambio del modelo productivo y político-social, para afrontar revolución tecnológica y globalización desde la perspectiva de la globalización de los derechos, y los valores de la libertad con justicia e igualdad, es decir promoviendo marcos jurídico-políticos justos y democráticos en España, en Europa y en el mundo. La Fundación 1º de Mayo está empeñada, como tarea principal, en ayudar a proporcionar análisis y propuestas programáticas para afrontar estos cambios, como ha sido el trabajo recientemente presentado, en colaboración con las fundaciones Alternativas y Largo Caballero, titulado “Una propuesta progresista para la salida de la crisis. Por un cambio del modelo económico y social” Próximamente seguiremos aportando otros granos de arena. La tarea, teórica –para construir otra hegemonía ideológica y cultural- y sobre todo la práctica, para plasmarla en la realidad, es inmensa. Pero es imprescindible y apasionante.

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